De la web: almeriaviva.es

¡YA ES CARNAVAL!, fue la explosión de júbilo que con la llegada del Partido Socialista a la alcaldía con la democracia se dejaba oír en las calles principales, barrios, colegios y asociaciones de nuestra ciudad, después de muchos años de estar aletargada la celebración. De una tradición que se reducía a la aparición de algunas máscaras por las calles, los bailes en el casino y grupos de aficionados formando murgas y comparsas, que se reunían para cantar sus coplillas y salían a la calle con el fin de recaudar fondos para sufragar los gastos, se pasa a un carnaval multitudinario, participativo, entusiasta y que tenía como referente el de Cádiz. Los concejales Fernando Navarrete, Fernando Martínez y Celso Ortiz, en distintas corporaciones, fueron los verdaderos impulsores de la recuperación. Los días que se celebran los concursos de murgas, comparsas y parodias los participantes y aficionados ponen a rebosar el Cervantes o el Maestro Padilla, colaborando activamente grupos de los barrios de la capital y algunos pueblos cercanos. Del pregón del Carnaval de 1990:
"Se aproxima el Carnaval
y aquesta concejalía
ha dado en determinar
nombrar pregonero a usia.
Firma, Fernando Martínez,
amigo de correrías
y agora domesticado,
por mor de la oficialía,
de calentar un sillón,
muy cerca de la alcaldía".
(Celso Ortiz, 1990).

En estos años del renacer carnavalero el Paseo se llena de gente entre curiosos y personas ataviadas con los trajes y vestimentas más originales "Don Carnal tomó las calles de Almería. El desfile de carnaval llenó el Paseo de máscaras y alegría. El Cervantes brilló como nunca" (La Voz, 25-2-90); los desfiles, bailes y grupos que aparecen en estos años como "los Coloraos", "Las leonas de la Cañada", "La Historia más disparatada", "Por techo las estrellas", Las divorciadas de Huécija", Nefertiti y sus Titisnefer", "las Bañistas de Tetra Brik", "los Acelgueros de Alboloduy", "Ozú que desengaño"o "Jornaleros del campo" de los Bisbal en 1986, el nombramiento de la reina del carnaval y los pregoneros hacen pensar en la recuperación definitiva de una tradición arraigada entre las gentes sencillas. La originalidad de Antonio Aracil "Curro", Pepe Chiquero y Pepe Murgas, el trabajo continuado de la familia Bisbal o de Pomedio, aficionados de Pescadería, el grupo "la Traiña" de la Chanca, algunos letristas, los niños de los colegios y el impulso de los políticos han mantenido la euforia carnavalera hasta el momento, pero los últimos años ha empezado a notarse un estancamiento o retroceso en la organización de actos y participación activa del público, lo que nos demuestra que las imitaciones no perduran tanto como las tradiciones autóctonas.

Sobre la celebración del Carnaval en Almería tenemos que remontarnos al inicio de esta celebración como en el resto de España, pero podemos poner algún ejemplo más cercano, analizando lo que ocurría por ejemplo en el año 1926, para poder comparar las inquietudes y formas de vida en la ciudad antes de la contienda civil con la celebración en los años finales del siglo. En este año se organizaron numerosas comparsas, destacando las siguientes:
DIRECTOR - LUGAR - MURGA
José Fajardo Martín - Barrio Alto ------
Sebastián Benavides Lupión - Cruces Bajas - Las defensoras de España
Manuel López - Centro - Almería Deportiva
Blas Segura Rodríguez - Alquián ------
Pedro Marín Uroz - Crrt.Málaga - Flamencos Sevillanos
Francisco Martínez - Sin especificar - Los nietos de la Tía Juana
Rogelio Salvador Durán - Calle Espejo - Los Viejos Profetas
José Redondo Martínez - Carrt.Níjar - Los Viuditos
Antonio Jordán Torres - Las Canteras - Los Marqueses de Siberia
Francisco Martínez Rodríguez - Sin especificar - Los chinos de Cantaclaro
José Soler Montoya - Calle Tesoro - Los sembradores de apios
Luis Os Verdegay - Sin especificar - Los desastrados de la India
Manuel Burgos - Antonio Vico - Los hijos de Charlot
Laureano Fernández - Sin especificar Los desheredados de la vida
Manuel Villanueva - Sin especificar - Los Once sevillanitos
(A.H.P.: G.C., Leg.231)

Al siguiente año de 1927, aparece con 23 años de edad como director de una murga Antonio Bisbal Durán y con 22 años Antonio Guisado Biosca director de la murga "Los leones de Castilla". La incorporación de nuevos grupos y jóvenes dinamizadores como los mencionados hizo que se viviera una etapa interesante carnavalera hasta el parón de la guerra civil, sin posible recuperación hasta la transición democrática debido a la censura que sobre esta fiesta impuso el régimen franquista. Cuando vuelve el carnaval de la democracia no se intenta recuperar la tradición autóctona impulsando los concursos de máscaras y disfraces, la participación popular espontanea (carnaval de la calle) y los bailes de carnaval tanto como la imitación del modelo completo del concurso de Cádiz. Con este planteamiento imitador, el poco entusiasmo de los siguientes concejales responsables por esta fiesta de "la libertad" y el traslado de la vida carnavalera del Cervantes al auditorio se inicia otra etapa decadente y con escasa participación popular al no haber calado en la sociedad almeriense, a pesar del esfuerzo de algunos grupos de aficionados. Lo más interesante, la existencia desde siempre de familias como "los bisbales" y otras del barrio de pescadería que han estado y están interesados en recuperar y mantener la costumbre pagana de los carnavales populares.

Haciendo algo de historia en la capital, recogemos algunas notas de etapas anteriores sobre la festividad carnavalera:
"El desorden que en esta ciudad se experimenta desde la noche del 17, que empezaron a salir ínfimas cuadrillas de personas de uno y otro sexo de máscaras con alborotos y ruidos por las callas hasta las dos y tres de la mañana" (A.M.AL., Anónimo, 1806).

De la prensa del momento, 12-2-1896:
"Esta noche tendrá lugar en los salones del Teatro Principal, un baile de máscaras organizado por la empresa que viene dándolos en referido sitio", o parte del bando de la alcaldía: "Durante los tres días de carnaval, se permitirá circular por las calles y paseos públicos a todas las personas que vayan con disfraz y careta, desde las dos de la tarde hasta el toque de oraciones, y desde esta hora solo podrán ir sin ella. No podrán usar disfraces deshonestos o repugnantes ni sacerdotales, religiosos o militares. Se prohíbe hacer parodias ofensivas a la religión, a la moral, a clases o personas determinadas". (12-2-1896).

Pese a las órdenes gubernativas, algunas murgas cantan couplés que son un verdadero atentado contra la moral" (Diario de Almería, carnaval de 1920) y "Contra todas estas desdichas (la celebración del Carnaval) los templos están llenos de fieles que asistieron con fervor a los cultos celebrados en desagravio a los excesos con que se ofende en estos días a Dios Nuestro señor (La independencia, carnaval de 1920).

Recordamos algunas letras de comparsas y murgas del año analizado (1926):
Venimos todos esta tarde
con gusto a saludar
a don Pablo de Castro
que rige la capital
En la calle Antonio Vico
hay una tienda muy hermosa
que de nombre le ponemos
la tienda de las tres rosas
(Los hijos de Charlot, 1926)

Hoy llora España la muerte
del anciano compañero,
del defenso justo y fuerte
del derecho del obrero
Recordando al "abuelo"
porque Iglesias predicó:
Igualdad y odio a la guerra,
la libertad y el amor
(Los sembradores de apios, 1926)

Con orgullo grande los almerienses
aplaudieron todos con gran ansiedad
a nuestro paisano que el pasado Agosto
demostró su arte y su habilidad.
Nos hizo Relampaguito
faena que condecore
en letras de oro grabado
su honroso y triunfante nombre.

Fue censurado un tercio del texto de esta comparsa:
Una muchacha bella de quince años
con sentimiento cuenta que fue a sacar
para su novio una gran fotografía
y al enfocarla se cayó desmayá.
..... (Las defensoras de España, 1926).

También fue censurada parte de otra murga:
Estos murguistas, señores,
venimos aquí a formar,
con las niñas de este barrio,
un partido de folvat.
En esta Triana chica,
hay unas niñas mimadas,
que hacen muchas tortillas
con lo huevos de su casa.
El Director, que lo sabe,
no se puede contener
en ver la envidia que pasa
que no las hacen con él.
(Los flamencos sevillanos, 1926)
Vemos con razón
que es digno de elogiar
a las nuevas reformas
que han hecho en la ciudad.
En la Puerta de Purchena
un Evacuatorio han puesto
que una bóveda parece
como la de un cementerio.
desde la calle de San Pedro
hasta la calle Real
tenemos una nueva calle
que es muy digna de elogiar.
(Almería Deportiva, 1926).

Solicitud de permiso al Gobernador Civil, para poder actuar en el Carnaval de 1927.
"Exmo Señor Gobernador Civil de la Provincia. Antonio Bisbal Durán, natural de Almería de 23 años de edad, casado, jornalero y abitante en la Plaza de la Constitución, nº 16, bajo, a V.E. con el debido respeto, Expone: Que deseando se le conceda permiso para transitar y postular por las calles de la Ciudad durante los días de Carnaval con o al frente de la Comparsa titulada "Las Domadoras" con las coplas que adjunto remito. Fabor que espera merecer del bondadoso corazón de V.E., cuya vida guarde Dios muchos años. Almería de febrero de 1927. El autor y Director, Antonio Bisbal" (A.H.P., G.C.231, 1927).

El poco interés de los últimos años no ha impedido que el auditorio Maestro Padilla sea testigo de los grupos carnavaleros, que insisten en la recuperación de un carnaval decadente, para que compitan en el concurso oficial. Han mejorado los premios, las letras y el vestuario, hay grupos de los pueblos que han concursado y al entierro de la sardina acudieron muchas personas, pero necesita un impulso oficial. Los grupos más destacados del año 2001 fueron "Los conquistadores", "Dando guerra", " Superfabada.com", "Cachabá", "Con la tierra hemos topado", "La Quinta el Saco", "A Roma.com", "Surcando mares", "Del país de nunca jamás" y "Compañía de Súmica y Danza".
Antiguamente, días antes de que llegara el Carnaval, junto a los habituales anuncios de los emplastos del Dr. Winter o la emulsión 'Márfil' de aceite puro de hígado de bacalao con hipofosfitos de cal de sosa y guayacol y los de los vapores que partían para Nueva York, la Argentina o Brasil aparecían anuncios en la prensa anunciando diferentes productos. Estamos en febrero de 1912 y nos paseamos entre las páginas de 'La Crónica meridional' que informa a los almerienses de que se iban a dispensar helados en los mismos sitios que en verano. Lo más significativo es la forma en que se servirían pues, hasta donde yo sé, balandros y cárabos son tipos de embarcaciones así que parece que la presentación de estos helados era cuando menos original. Otra cosa que sorprende es que los helados tuvieran aceptación en un mes como febrero que mira que hace rasca. Se ve que antiguamente estaban más fuertes.

En otro anuncio se publicitaban las 'renombradas pastillas de café y leche esterilizada' de la logroñesa marca 'La Cabra' que vendía en exclusiva la confitería 'Sevillana'. Si alguien aún tiene la suerte de tener en casa un abuelo de 80 años o más que le pregunte por los caramelos y cómo se ponían en Carnaval los escaparates de las confiterías.


Continuamos advirtiendo que no hay que confundir esta confitería 'Sevillana' con establecimiento en el Paseo (entonces del Príncipe) número 6 y en la calle Real con 'La sevillana chica', que tenía puesto en el Paseo pero en el número 11. Ésta anunciaba vinos generosos y Jerez tanto seco como dulce y un 'gran surtido de bombones y caramelos de todas clases para Carnaval'. Otra vez más los caramelos y los bombones.


Escuchando a mayores hablar del Carnaval de Almería en lo 'gastronómico' siempre me ha referido la exquisitez y abundancia de los escaparates de las confiterías. Entonces se vendía mucho confeti y muchos caramelos de todas clases aunque hayamos empezado hablando de helados.
Versos del cuadernillo no fechado 'Justa ridiculización Imperial y Real del Grande Trapaleón'.

Interesante artículo que publica hoy el diario EL MUNDO en su edición digital para aquellos a los que le interese la historia de esta fiesta. Nos vamos a 1808 para empezar a entender el carnaval en su configuracion actual (por mucho que hunda sus raíces bastantes siglos más atrás, aquello carece de interés para entender qué es lo que nosotros hacemos cada año por febrero) a través de las 'canciones patrióticas' que se imprimían en Cádiz, precursoras de las actuales letras. Para leerlo, pinchar aquí.
¿Quién no ha oído hablar de las cartillas de racionamiento? Pocos por no decir nadie. Los que las usaron porque las padecieron y los que no, porque nos lo han contado. Y para contar lo que pasa, como el Carnaval hay pocas cosas. Atiendan si no a esta antigua copla. La publicó hace unos años el diario La voz de Almería en un libro que editó junto a Unicaja y que llevaba por título La Historia de Almería:

Arriba con el pan de maíz
abajo con el pan de centeno,
el que quiera comer pan blanco
que vaya al estraperlo
y verá qué rico está;
que lo venden los estraperlistas
en la rambla de Alfareros
y en la calle Las Posás.

Desconozco de qué fecha se puede tratar. Llegados a este punto tan sólo nos queda conjeturar; estas cartillas se establecieron el 14 de mayo de 1939 y se suprimieron en 1952. Una horquilla de trece años en los que se pudo haber escrito esta letra que nos permite saber por dónde se movían los estraperlistas de la Almería de mediados del siglo pasado. Que nos cuenta las miserias, lo que se tenía y lo que se añoraba dando consejos prácticos, además, para hacerlo posible. Y es que era tan 'fácil' como ir a la rambla de los alfareros o a la calle Las Posás...
Tal noche como la de hoy, hace la friolera de 135 años, recorría las calles de Almería un grupo de jóvenes acompañados de la banda del Hospicio. Llevaban un 'animal que se ostentaba tranquilo encima y en medio del coche fúnebre'. La comitiva recorrió las calles de Espartero (hoy Real), Cid (hoy Eduardo Pérez), plaza de la Catedral, Cervantes, Mariana, Tiendas, Puerta de Purchena, Granada, plaza de San Sebastián, Paseo del 30 de Julio (el actual Paseo), calle Ricardos y Glorieta (hoy plaza de San Pedro). Es curioso lo que el Carnaval ha cambiado su ubicación en este casi siglo y medio. Antes todo era del Paseo para acá y ahora todo es del Paseo para allá. Entre otras cosas porque del Paseo para allá poco había.

He consultado con verdaderos enamorados de Almería y su historia sobre el itinerario, porqué ese y no otro. Si el cortejo discurrió por Real hacia la plaza de la Catedral y terminó en la plaza de San Pedro, con toda probabilidad es que también partió de ahí la comitiva pero, ¿por qué? En la actual plaza de San Pedro, en lo que ahora es un supermercado, había un cuartel de la Guardia civil al que había que ir a entregar y/o cantar los repertorios que luego habrían de interpretarse en la calle. El carnaval, por tanto, comenzaba y giraba en torno a este punto. Para leer la noticia, ampliar la imagen.
Hay que ver; con el esmero que tuvo que poner el Ayuntamiento para festejar "el ansiado restablecimiento de la paz pública", y que varios "jóvenes entusiastas pertenecientes á la clase mercantil" se le adelanten... ¡Eso no tiene nombre! O sí. Y se llama Carnaval.

Dudo de que el Carnaval siga siendo la fiesta de la libertad que fue. Ya no se viven episodios como los que narramos o como aquel que vimos, de la detención, en 1935, de los integrantes de la murga "Los Gauchos". Y es que conforme han pasado los años, a la fiesta de la libertad le hemos ido recortando eso mismo con bases, reglas, normas y estómagos agradecidos aunque esto será tema de una futura entrada y ahora es hora de otra cosa. Estábamos hablando de cómo se vivió durante el Carnaval de 1876 la derrota del absolutismo y ya vimos cómo "una comparsa de máscaras que llevaban el disfraz de soldados carlistas sin que les faltase la tradicional boina" recorrió las calles de Almería. Pero no sabíamos mucho más. No sabíamos, por ejemplo, lo que otro día recogió aquel mismo diario y que es el tema de esta entrada.

Para no hacerla muy pesada, en vez de transcribir, emplazo a la lectura del original y ese espacio que me ahorro lo voy a dedicar a explicar el interés de estos recortes, que no es otro que la descripción que hacen de cómo vivieron los almerienses un momento histórico. Para entenderlo, hay que recordar que nos encontramos en 1876 y que es necesario parase a intentar reconstruir aquella ciudad para ver el alcance de lo que se vivió aquellos días.

¿Cómo era la Almería del último tercio del XIX? Los viajeros que por entonces llegaban nos dejaron buenas muestras que nos pueden ayudar a conocernos mejor. Precisamente un año antes nos acababa de visitar Giuseppe Garzolini. Decía entonces que la ciudad contaba con 34.000 habitantes y aunque se olvidó de contar a unos 6.000 más, no se lo vamos a tener muy en cuenta porque un hijo suyo vino años después y se quedó a vivir entre nosotros. Él llego en agosto y dejó escrito: "los mismos almerienses, de las nueve de la mañana a las cuatro de la tarde, no salen de casa si sus asuntos no los obligan a ello" y al margen de la anécdota debemos tener presentes que entonces Almería contaba con menos gente que, por ejemplo, cuenta ahora Roquetas de Mar. Y aquella Almería no tenía ni los eroskis ni los auditorios ni los parques acuáticos de Roquetas. Por no tener, no tenía ni la Plaza, que parece que lleva ahí toda la vida y entonces la bodega del patio era una cárcel que daba nombre a la calle Real de la Cárcel. Ese mismo año, por cierto, se construyó la capilla del Hospital Real de Santa María Magdalena y Julián Arcas actuaba en el Salón de San Pedro el Viejo, que luego sería Teatro Calderón. Pero eran más las ausencias que las presencias; aún no estaban la Plaza de toros, ni el Casino, ni el Teatro Cervantes, ni el Apolo, ni la Diputación...

Por aquí, como decía, pasaron norteamericanos, franceses, italianos, españoles (por supuesto), ingleses o húngaros como Max Simon Nordau atraídos por un espíritu románticamente aventurero y el exotismo de lo que sus predecesores narraban y lo que contaron puede que no se ajuste a la realidad pero tampoco andaban muy lejos. El porpio Nordau decía entonces: "esto ya no es Europa, sino África. Todo recuerda a los oasis en el desierto y a los beduinos. Almería no parece ser una ciudad, sino un campamento. Apenas hay calles y plazas, sino azarosas líneas tortuosas de casas". Y si bien los hay que cantan la decadencia, hay otros que ensalzan las excelencias. Por ello quizá entre ambos extremos podamos encontrar aquella realidad. Cierto es que hay mucho mito y muchísimo romanticismo en lo que estos viajeros esperan ver, en lo que se encuentran y en lo que cuentan. Por ejemplo el teólogo inglés Hugh James Rose describía así Almería: "como algo pintoresco, recomiendo a los artistas el mercado de fruta, con sus montones de frutas, con muchachas de hermosas caras morenas que parecen africanas y los grandes grupos de mujeres gitanas con sus niños morenos de 1 o 2 años, que los llevan desnudos, colgando sobre sus hombros. Las costumbres son semi-africanas, muchos hombres llevan turbantes. Las calles, cubiertas de rojo, blanco, verde y amarillo por las ropas expuestas para la venta, son un laberinto de colores". Pero no menos ciertas son sus denuncias, sobre todo, a la incomunicación de la ciudad, que se traduce en "una total decadencia en todas las cosas y el ocio descuidado aparece en la cara de todos".

Por eso son importantes para el Carnaval y para Almería todas estas reseñas. Si nos enorgullecemos de la antigüedad de algunos edificios o instituciones que ni existían cuando ya los almerienses se disfrazaban para parodiar la actualidad y, lo más destacado, si se vivía de tal manera y con tal éxito de gente que hasta la prensa de la época, tan poco proclive a ensalzar el Carnaval de la calle, lo comenta durante varios días, creo que queda poco que añadir. Son argumentos de peso para sostener con orgullo una fiesta que ahora parece andar avergonzada y acomplejada, con la cabeza agachada, como si no fuera algo nuestro...
Continuamos con la segunda de las tres entregas en las que estamos viendo cómo interpretó Almería en clave carnavalera la reciente derrota de los absolutistas. Seguimos en el Carnaval de 1876 y la reciente huida a Francia de Carlos VII inunda de alegría las calles de Almería; entre otras cosas, a los habituales preparativos para las "fiestas carnavalescas", definición usada en la época apara referirse en ciertas ocasiones al Carnaval, se suman este año juegos de cucañas, regatas y fuegos artificiales. Al fin y al cabo, se trata de los habituales días de alegría propios del Carnaval a los que este año hay que sumar la finalización de la guerra civil.

Como he comentado en más de una ocasión, son unos años en los que la prensa presta más atención a los bailes de sociedad que al carnaval de la calle. Por eso cada vez que se hace mención a algo, lo habitual es que sea para resaltar algo negativo (detenciones, mal gusto, peleas...) que sirva para demostrar la rectitud y la virtud de los que no estaban allí por estar, precisamente, en los distinguidos bailes de sociedad. Pero hay veces en las que no queda más remedio que hablar de la calle porque es tan notable el éxito de lo que allí acontece que es imposible permanecer ajeno. Este es uno de esos casos hasta el extremo de que se comenta durante varios días. El 3 de marzo, por ejemplo, se pudo leer en La Crónica meridional:
Mascarada.- Anteayer tarde recorrió las principales calles y paseos de esta ciudad una comparsa de máscaras que llevaban el disfraz de soldados carlistas sin que les faltase la tradicional boina. En el centro del grupo era conducido un ataud que encerraba á un monigote representando a Cárlos siete y seguia detrás el cortejo por uno que parecia ser el retrato del feroz Savalls. Una musica tocando marchas funebres completaba el acompañamiento del entierro del representante del absolutismo, y con este motivo fué grande la algazara, las carreras y la animacion que reinó toda la tarde en los sitios recorridos por la lúgubre procesion.

Continúa el diario con una extensa crónica del entierro de la sardina que queda para una futura entrada (porque la merece) y es que sin duda la inmediatez del feliz acontecimiento revistió de una singular alegría al Carnaval de 1876. Tanto es así que hasta el propio Ayuntamiento se quiso sumar con una recreación en el Paseo de La fuga del pretendiente (como se referían a la huida de Carlos VII), y en la que tomaron parte más de 300 personas y 150 caballistas. El "problema" fue que, como hemos visto hoy y veremos mañana con más detenimiento, "varios jóvenes entusiastas pertenecientes á la clase mercantil se anticiparon á aquella Corporación" y lo recrearon a su manera. De cómo fue y cómo termino la cosa, como digo, hablaremos mañana.
Los carlistas, el ala más conservadora de la sociedad española del siglo XIX, se pasaron la centuria guerreando por sus ideales y por restituir su rama en la Corona. Por ello (y para ello) iniciaron hasta tres guerras, las cuales perdieron y acabó con su heredero en Francia. No conozco en profundidad el carlismo pero he de reconocer que en mis aproximaciones he visto en ellos conflictos de reconocimiento en renuncias y sucesiones. Tal es así que sus reivindicaciones se bifurcan en diferentes ramas; una de ellas, por ejemplo, considera a Luis Alfonso de Borbón (habitual de las revistas del corazón) como legítimo heredero al trono de España.

Todo empieza cuando Fernando VII, el que abolió las Cortes de Cádiz, anuló la Ley Sálica, aquella por la que no podían reinar mujeres, de manera que su propia hija, Isabel II, pudo acceder al trono. Esto dejó sin opción al hermano del Rey, Carlos María Isidro y fue el detonante de la primera guerra carlista. La segunda tuvo como pretexto el fracaso de los planes de boda entre Isabel II y su primo Carlos Luis, hijo de Carlos María Isidro y la tercera fue un triple enfrentamiento, primero con Amadeo I, a quien los carlistas consideraron un intruso, luego contra la I República y, por último, contra Alfonso XII, hasta que fueron derrotados definitivamente por el general Martínez Campos, que ahora da nombre a la calle que va de la Virgen del Mar al Parque.

Hecha esta breve introducción y somero repaso a las guerras que enfrentaron a absolutistas (que apoyaban a los carlistas) y liberales (que eran isabelinos), sólo falta añadir que la tercera y última de las guerras terminó poco antes del Carnaval; concretamente el 28 de febrero de 1876 con la entrada del General pro Borbón en Pamplona y la huída del pretendiente Carlos VII a quien vemos en una ilustración de la revista Vanity Fair de 1876. En este contexto, y con la huida de quienes durante los últimos cuarenta años habían protagonizado varias guerras, no es de extrañar que el motivo estrella del Carnaval de ese año fuera representar a absolutistas (los grandes derrotados) y liberales. De cómo interpretó Almería esta derrota en clave carnavalera lo sabremos mañana.
Fray Lucas es el pseudónimo con que firmaba el autor de estas Coplas de saldo que aparecían diariamente en el Heraldo de Almería, un diario político de la primera mitad de los años treinta. En ellas satirizaba la actualidad de la sociedad almeriense. Ésta en concreto apareció publicada el domingo de Piñata de 1931.


COPLAS DE SALDO

La Piñata


Bravo domingo el de hoy
en que la gente se afana
en justificar locuras
echando al aire una cana
con el pretexto que es
final de la mascarada.

El que logró divertirse
con la cara bien tapada
y liado en una colcha
con una enorme "tajada"
hoy evoca los recuerdos
y por si la vida es falsa
y dura poco, repite
y ya tiene usted una máscara
haciendo el indio en las calles
el domingo de Piñata.

Otros, que no lo lograron
porque la murria* les mata
se deciden a vestirse
y pasan como fantasmas
que recuerdan del infierno
las torturas y las llamas.

Porque esto, ni es Carnaval
ni es Cuaresma, ni esto es nada
sino un domingo precario
de horas entreveradas
de pecados y pasiones
de oraciones y plegarias
en que Momo agonizante
teje su trágica danza
entre los miles de bobos
que por rutina lo ensalzan.

En resumen, que el domingo
veintidós del mes que acaba
resulta tan idiota
como una piña cerrada.

FRAY LUCAS



* Especie de tristeza y cargazón de cabeza que hace andar cabizbajo y melancólico a quien la padece.
Enrique Villegas es un autor de Carnaval nacido en Ayamonte (Huelva) el 31 de mayo de 1923. Ha sacado numerosos grupos entre ellos los que luego serían Los Beatles de Cádiz y con los que estuvo de gira ocho años. En 1964 sacó dos comparsas; una de ellas, El oro de Andalucía, quedó en segundo puesto y llevaba el pasodoble que protagoniza esta entrada.

Se trata de un vídeo grabado por Loles Sánchez Villegas el pasado sábado en el Maestro Padilla, y en él se ve a Agustín Correa Rodríguez, de La comparsa de Momo, cantando junto a la comparsa Tiempo al tiempo ese pasodoble de hace ¡casi 45 años!


En esta ocasión es el Diario de Almería en su edición del 12 de marzo de 1935 el que da cuenta de la detención de varios murguistas la tarde del Domingo de Piñata de ese año. Concretamente Eusebio López González, José Ramos Sánchez, José Díaz Bonillo, Salvador Alemán González, José Padilla García y Antonio Montoya Zamora, todos ellos integrantes de la murga Los Gauchos. Como se lee en el recorte adjunto, los motivos fueron que "se dedicaban en la vía pública y cafés a entonar coplas alusivas al Gobierno y agentes de la Autoridad". Y por si fuera poco, también desfiló pal cuartelillo Alfonso Ibáñez Guirao "por insolentarse con los guardias, con motivo de haberse detenido a los anteriores".

Por estos años el diario contaba con cuatro páginas y es significativo que esta noticia aparezca en la tercera frente a los "selectos" bailes de Piñata que organizaban el Círculo Mercantil, el Casino, el Club Taurino, el Hotel Central o sociedades como la de Comerciantes "La Ideal", entre otras, y que acaparaban la portada. Pero lo más sorprendente es el motivo de la detención. Si "entonar coplas alusivas al Gobierno y agentes de la Autoridad" es motivo de detención, sin duda hay que reconocer (aunque sea 73 años tarde) el valor y el mérito de estos murguistas que pusieron con mucho valor una gran piedra en los cimientos de la ¿libertad? de la que hoy disfrutamos.
Hoy destacamos una reseña publicada en El Día. Diario reformista del 26 de febrero de 1917 en la que se da cuenta de un ¿concurso? de Carnaval en Almería que parece aproximarnos a los orígenes de nuestro actual Concurso. Por cómo se refiere a la constitución del jurado, da la impresión de que no se trata de algo nuevo sino que se viene repitiendo así desde hace años lo que nos impide concretar el inicio del mismo pero sí que nos permite aventurar la idea de que su origen sea centenario. El número exacto de años aún no lo conocemos pero, repito, parece que estamos cerca de los orígenes del Concurso tal y como se concibe en la actualidad: como algo organizado por el Ayuntamiento que premia a grupos y premia disfraces. Y que lejos de situarse a finales del sigo XX bien podría encontrarse en sus albores.

Una de las definiciones de concurso que da el DRAE es que se trata de una "competición, prueba entre varios candidatos para conseguir un premio" así es que estamos ante un concurso de Carnaval en toda regla en el que varios grupos (desconozco cuántos) se disputan un premio económico. Por lo que se lee en el diario, en 1917, cuatro son los que se repartieron al final el dinero; tal vez fueran los cuatro únicos participantes o los cuatro merecedores de ello de entre todos los que optaban al mismo. El primero recayó en la comparsa Los Apaches, que se llevó 75 pesetas; las comparsas Paz universal, Virreyes de la India y España Imperial se repartieron las restantes 150 pesetas a partes iguales. A modo de anécdota, este diario costaba 5 céntimos por lo que con el primer premio se podían comprar 1.500 periódicos. Hoy en día, con el premio de 2008 se podrían comprar 3.000 periódicos. Casi 100 años después es curioso que la cuantía de los premios sea justo el doble.

Respecto a los grupos participantes, poco podemos decir más allá de los cuatro grupos citados; Los Apaches fue la comparsa ganadora y, a grandes rasgos, todos nos hacemos una idea de cómo podía ser el tipo. Por contra de la comparsa Paz Universal mucho podemos elucubrar pero poco concretar. A lo mejor de Virreyes de la India sí podemos aproximarnos algo al tipo ya que está documentada la manera en que vistieron los que detentaron dicho cargo. Así, por ejemplo se sabe que entre 1910 y mediados de 1916 el Gobernador General de la India (que es el nombre del cargo detentado por el Virrey) fue Charles Hardinge (en la imagen) por lo que podría haber inspirado el tipo de los comparsistas que se disponían a preparar entonces el tipo del año siguiente. A menos, claro está, que su inspiración viniera de algún traje anterior con lo cual con los datos que actualmente se manejan sería casi imposible asegurar nada. Respecto a la comparsa España Imperial estamos como con Paz Universal: ante un grupo del que mucho se puede elucubrar pero poco concretar.

La pregunta ahora es obvia; ¿cómo era aquel concurso? Aunque no lo recoja el diario, por otras fuentes consultadas sabemos cómo se celebraba; primeramente las agrupaciones pasaban por el Gobierno Civil y de ahí se dirigían al Paseo del Príncipe, ante una tribuna situada frente al Café Suizo (frente al actual Café Alcázar) en la que el jurado quedó constituido a las cuatro de la tarde. El resto del Carnaval era la banda Municipal la que ocupaba esa tribuna mientras los grupos se perdían entre los veladores del Paseo y las calles adyacentes. El Martes de Carnaval salían a la calle. Y los días previos. Luego, el Domingo de Piñata, pasaban ante un jurado que premiaba no sé en base a qué criterios y así, hasta el año siguiente, sentando las bases de un Concurso que ahora se celebra en un Auditorio y con más de veinte grupos repartidos en más modalidades que en 1917 pero que, en esencia, como algo organizado por el Ayuntamiento que premia grupos y disfraces, no ha cambiado en absoluto.

Artículo publicado el 18 de febrero de 1874, Miércoles de Ceniza.


El Carnaval.- Vino pues el Carnaval, y también pasó como sucede siempre.

Por fortuna no ha habido durante él ningún disgusto que lamentar, no pensando todos más que en divertirse, cosa propia de esos días de algazara y de placeres, de bulla y de espansión, de vértigos disfraces y mentiras.

Muchas y diferentes son las escenas ocurridas; hemos visto bastantes comparsas que corrían contentos por calles y paseos, como igualmente infinidad de sugetos que cambiando sus trages, salian hechos Adanes las hembras, Evas los varones, y en fin cada cual vistiéndose á su capricho.

La banda del Municipio, estuvo luciendo sus acordes las tres tardes en el paseo del 30 de Julio, é instalada en un tablado construido al efecto y en disposición de que no tuvieran los coches que á él concurren que dar la molesta vuelta por las calles próximas, como otras veces han tenido que hacerlo.

Respecto a los bailes solo tenemos que decir que los resultados han correspondido á las esperanzas; todos han estado muy concurridos, viéndose en ellos muchas de nuestras hechiceras paisanas luciendo sus encantos.

El tiempo ha venido tambien en ayuda de los amigos de divertirse, y nadie que hubiera visto nuestro paseo en estos días, creyera otra cosa sino que estábamos en el pais mas dichoso del universo, lo que no seria mas que uno de tantos errores propios de estos dias.


Artículo publicado en la portada del Diario de Almería del 12 de febrero de 1929 (1)

En este carnaval de hogaño me he convencido de que las comparsas son unas lamentables víctimas sacrificadas en un ara bárbara en holocausto del Dios Momo.

No todos los ciudadanos que sostienen a pulso la tradición disfrazándose todos los años por estos días, mientras el reuma y los humores se lo toleran reúnen las condiciones indispensables para formar en esas comunidades absurdas que se enrolan bajo una bandera, vestidos con percales chillones, y dispuestos a cantar unas letras preciables y a hacer ruido con instrumentos heterogéneos hasta que se desgañiten y cuelguen sus brazos como péndulos rotos.

En primer lugar han de carecer en absoluto de la más leve reminiscencia del sentido del arte, aunque éste sea de la prehistoria; requiere además, la paciencia del camello, el sentido musical de un elefante, la indiferencia frigorífica de un témpano y la constancia de un jugador de lotería.

Fácilmente puede apreciarse que no son estas virtudes fruta común y sobre todo de sencilla adquisición en un momento dado.

Por ello, confieso que siento por todas las comparsas que irrumpen en la vía pública una profunda y venerable admiración y sufro al par de sus cofrades, cuando advierto que el público que se divierte a su costa, ni compra la letrilla, ni deja caer unos miserables céntimos en una bandeja petitoria.

Hogaño, tres comparsas han terminado antes de tiempo su difícil misión, cumplidamente epilogada en la Comisaría.

Una de ellas la formaban varios señores con peluquines al natural, vestidos con batas negras sobre las que fulgía una banda de los colores nacionales. La verdad, a mi me parecieron unos ciudadanos muy serios y muy dignos de seguir cantando sus trovas hasta perder la voz, pero no pensaron así los demás y a estas horas vagan tristes diseminados y silenciados por las calles como los restos de un naufragio.

Otra que sufrió la misma suerte la componían unos caballeros de no sé qué; creo que de la flor o de la muerte que después de lo acaecido bien puede que fueran de la mala sombra, y la última constituida por unos elegantes marinos que en sus canciones hablaban del "espinazo de su suegra", de la "melancolía del bacalao" y de otras mil ingenuidades que terminaban siempre con el estribillo de que "en París eran muy bien recibidos".

Confieso que no veo en todo ello ni sombra de pecado y que deploro en el alma sus fracasos, después de tantas noches de vigilia para sacar al sol esas letrillas iconoclastas.

Más paciencia, este carnaval de hogaño no se ha dado bien para ellos, para los que se visten con percales chillones, se enrolan a una bandera y cantan hasta desgañitarse; en cambio todo va bien para otros que se atavían con los disfraces cotidianos, no se enrolan y cantan para dentro tan suave, tan quedo, que las letrillas mueren a flor de estómago, igual que hacen los ventrílocuos cuando con sus muñecos dan el adios al público.
S. Sergio.

El artículo, para quien desee tener el recorte original, aquí está:



(1) He acompañado la entrada de varias fotos de Almería en aquella época para que se comprenda un poco mejor cómo era la ciudad de entonces. Tened mucho cuidado, también, al leer la prensa. Tan partidista como es hoy, lo ha sido siempre. Y tan malos redactores hay como ha habido también siempre. Para hacerse una idea de esto que digo, basta con pensar que las muchas mentiras y falsedades que hoy se escriben, dentro de 50, 75, 100 años se pueden volver a leer y no por ello habrán dejado se ser lo que son hoy... Este artículo es despiadado y partidista aunque ciertamente culto -lo cual es de agradecer- y muy enriquecedor al describirnos (aunque de manera sesgada) parte del carnaval de antes de la Guerra civil; ya se hablaba de comparsas que cantaban (y vendían) sus repertorios, de noches de ensayo, de cómo se acababa en Comisaría y, algo muy destacable: se describen algunos tipos. Quedémonos con eso. Espero que os guste. La pluma de S. Sergio ayudará.
Estamos en pleno Carnaval. Es 13 de febrero y en Almería hay dos diarios mayoritarios: El Regional y La crónica meridional, el más consolidado de los dos y fundado en 1860 por Francisco Rueda López, que tiene su redacción en el Paseo del Príncipe Alfonso. Estamos, como digo, en pleno Carnaval de 1874 y he rescatado esta gacetilla del diario de ese día para que veamos la ironía que se destilaba por aquel entonces contra el poder establecido y las normas que dictaba. ¿Qué sino la esencia de nuestro Carnaval? En este caso estamos ante una burla al Código Penal de 1848 que, entre otras cosas, mandaba 'arresto mayor' para 'los banqueros y dueños de casas de juego de suerte, envite o azar'.

Son muy gratificantes las lecturas de esta época; nos muestran una Almería desconocida para la gran mayoría, con unas costumbres que en ocasiones nos hacen sonreír y, en otras, llorar. Poco a poco iré rescatando las diferentes crónicas y referencias al Carnaval de Almería. A ver si con ello conseguimos que los tristes que van por ahí participando en coloquios y/o escribiendo la historia a golpe de tertulia barata y libreto cutre alcancen a ver que desempeñaron un papel destacado en la recuperación del Carnaval en los 80 pero ello no los convierte en los padres de una criatura antigua. ¿A qué ese afán por protagonizar el mal llamado nacimiento del Carnaval? En ese sentido, la Peña "Yunque y copla" convocó en un coloquio a varios orgullosos representantes de este esécimen del que hablo: el que no es nada y, por tanto, debe reinventar la historia a su conveniencia para, ya sí, serlo... Seamos serios, respetuosos y agradecidos. Que nadie falsee la historia para ser algo en la vida, que ya está bien de negarla, ocultarla y silenciarla para protagonizarla.